Identidad

UNA FAMILIA PARA LAS FAMILIAS

A mediados del siglo XIX, mientras corrientes de diverso signo amenazaban las instituciones clásicas de la sociedad --la familia y la escuela--, en el palacio episcopal de La Seu d'Urgell (Lleida, España), el sacerdote José Manyanet, de apenas 30 años, sentía la inspiración de fundar una comunidad religiosa al servicio de las familias, que llamó Hijos de la Sagrada Familia Jesús María y José.

UN DON PARA LA IGLESIA

La formación y consolidación del Instituto, aprobado para la Iglesia en 1901 aún en vida del Fundador, ha sido una obra conjunta de la gracia de Dios y del tesón del Beato José Manyanet. No faltaron dificultades serias que amenazaron, desde el principio, su misma existencia, ni han faltado después de la muerte del Fundador, pero la presencia activa del Espíritu es el fundamento de su esperanza y la fuerza de su debilidad.

Propaga la devoción a la Sagrada Familia y, desde el año 1928, tiene el encargo de tutelar y dirigir la Asociación de la Sagrada Familia, instituida por el Papa León XlIl para consagrar Las familias a la Sagrada Familia. Promueve asimismo la Visita Mensual Domiciliaria que lleva la imagen peregrina de la Sagrada Familia por los hogares del mundo y publica la revista La Sagrada Familia, que es el órgano oficial de la Asociación.

En 1972, para secundar los deseos de varios pontífices, dedicó un templo a la Sagrada Familia en Roma, que es "el templo internacional de las familias cristianas" y sede de la Asociación.

Tiene un centro de documentación y estudio sobre la Sagrada Familia --Nazarenum-- para facilitar la reflexión e investigación del misterio de la Sagrada Familia de Nazaret.

"La Iglesia os alienta a tomar a la Sagrada Familia como modelo, pares en ella ve una particular expresión de la cercanía de Dios y al mismo tiempo un signo particular de elevación de toda familia humana, de su dignidad según el proyecto del Creador" (JUAN PABLO II a Los Hijos de la Sagrada Familia. (8/XII/1986).

NAZARET, UN CARISMA Y UN ESTILO

Toda la vida y la obra del sacerdote José Manyanet, canonizado por el Papa Juan Pablo II el 16 de mayo 2004, están marcadas por la espiritualidad de la Sagrada Familia de Nazaret. Aquella Familia y Casa de Jesús fue el hogar, la escuela y el lema de toda su vida. Fue llamado a ser Hijo de la Sagrada Familia y, con la ayuda de la gracia de Dios y experimentando espiritualmente la vida de Jesús, con María y José, en Nazaret, se convirtió en testigo y apóstol de aquel estilo de vida y santidad.

En Nazaret descubrió el designio de Dios sobre la familia y allí aprendió también «la pedagogía del Evangelio de Nazaret» que consiguió la madurez humana y mesiánica de Jesús. Por ello, todo el pensamiento y toda la actividad del fundador de los Hijos de la Sagrada Familia arrancan del ejemplo de la Familia de Jesús, María y José.

La Sagrada Familia es el carisma y el estilo de José Manyanet en la Iglesia y en la sociedad: ser familia como la de Jesús, María y José y con este testimonio y apostolado ayudar a todas las familias a ser una «iglesia doméstica».

Una expresión de este carisma es el templo expiatorio de la Sagrada Familia, de Barcelona, debido a su inspiración. Escribió además varios libros y opúsculos para la formación de los religiosos, de las familias y de los niños y jóvenes.

Los Hijos de la Sagrada Familia tratamos de inspirar nuestra vida y apostolado en el Hogar y en la Escuela de Nazaret. Nos definimos como una familia inspirada en la Sagrada Familia, y tratamos de llevarlo a la práctica, gracias también a la acción del Espíritu Santo en nosotros.

Nuestro estilo de vida, como en Nazaret, está marcado por la comunión:

- Con Dios.  Él es nuestro Padre y buscamos en todo y sobre todo vivir en unión de corazón y de mente con Él, buscando su voluntad y entregándonos al servicio del Reino, sostenidos por la oración y la respuesta alegre y fiel a su voluntad. El "Padrenuestro" es la oración también de nuestra familia.

- Con Jesús.  Él es nuestro hermano mayor, y tratamos de imitarle y seguirle en todo: su condición fílial, en su humildad, en su obediencia al Padre, en su sentido del deber, en su libertad de espíritu y en su entrega incondicional a los más pobres y necesitados, especialmente a los niños y jóvenes y a las familias.

-Con María y José, nuestros "amadísimos Padres". Ellos nos enseñan, sobre todo, a escuchar y a poner en práctica la Palabra de Jesús. A su imitación, construimos nuestro hogar en la sencillez, la austeridad y en los auténticos valores del Reino y de las bienaventuranzas.

- Con los demás, especialmente con las familias, los niños y los jóvenes. Desde la experiencia familiar de nuestra vida, somos sensibles a sus aspiraciones, dificultades y necesidades y nos sentimos solidarios con ellos. Consagramos nuestras vidas a Dios por ellos y empleamos todo nuestro tiempo y nuestros talentos a la promoción integral de la comunidad familiar.

Este nuestro estilo de comunión nazarena, de unidad y coherencia a todo lo que somos, sentimos y hacemos como Hijos de la Sagrada Familia en la Iglesia y en la sociedad.

Para profundizar en este "estilo", se puede leer:  Palmo Valente, Espiritualidad de los Hijos de la Sagrada Familia , Barcelona 1988.