Historia
RESEÑA HISTÓRICA DE NUESTRA CONGREGACIÓN
El 2 de febrero de 1870, con la primera profesión religiosa del venerable Padre José Manyanet (1833-1901) y algunos compañeros, se formalizó la vida religiosa de nuestra Congregación de Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José. Durante varios años el joven sacerdote Manyanet fue preparando la nueva obra en las largas noches de oración de La Seu d'Urgell, hasta que el 19 de marzo de 1864 - como fecha simbólica - colocó los cimientos de la misma con la apertura del Colegio San José de Tremp. A lo largo de estos seis años, alentado por las palabras de Pío IX al obispo Caixal sobre el naciente Instituto (1867), llevó a la práctica el Reglamento primitivo - la Suma de las Reglas y Constituciones (1882) - y, ensayando la vida común y la misión apostólica, fue configurando aquella «sociedad de sacerdotes - maestros» como una comunidad religiosa bajo la protección de la Sagrada Familia y al servicio de la familia, principalmente mediante la educación católica de la niñez y juventud y en íntima obediencia y comunión con los pastores de la Iglesia.
El 4 de agosto de aquel mismo año, el Padre Manyanet recibió los votos de otros compañeros y todos los ratificaron ante el Prelado en 1871.
El 30 de mayo de 1876, el obispo José Caixal aprobó por escrito el primer proyecto de los «Estatutos y Reglas de la Congregación de Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José». siguieron las aprobaciones de otros Prelados y, finalmente, la del Papa León XIII, con el Decretum Laudis, el 30 de abril de 1887, y la aprobación definitiva con el Decreto Attenta salutarium del 22 de junio de 1901. El 8 de julio de 1902 fue confirmado el texto de las Constituciones y Reglas, acomodado al Código de Derecho Canónico el 8 de diciembre de 1926 y revisado el 16 de marzo de 1935.
Durante más de 30 años, la vida de nuestro Fundador se identificó totalmente con el desarrollo del naciente Instituto. A él le dedicó sus mejores energías de mente y corazón y también sus fuerzas físicas. Atendió y cuidó personalmente la formación de los religiosos; fundó muchas escuelas y colegios, casi todos en zonas y barriadas pobres; abrió escuelas-talleres para la educación e instrucción de los hijos de las familias más necesitadas; escribió importantes libros y opúsculos, tanto para la formación espiritual de los religiosos, como para la dirección de los colegios y escuelas y para las familias. Inició la publicación de la revista La Sagrada Familia para propagar la devoción a la Sagrada Familia y orientar a las familias.
En 1896, con la celebración del primer Capítulo General, se inició el procedimiento canónico que había de asegurar la supervivencia de la Congregación en el tiempo. Al título de Fundador añadió en aquella ocasión, contra su voluntad, el de primer Superior General. Hoy suman ya 20 los encuentros fraternos de todos los religiosos en Capítulo General. PP. Buenaventura Mullol, Luis Tallada, Jaime Mir, Antonio Samá, Martín Millet, Magín Morera y Salvador Massip, José Maria Banquet, José Roca, han sido todos dignos sucesores del Padre Manyanet.
La escasez de personal impidió a nuestro Fundador llevar el Instituto allende los mares antes de su muerte. Pero depositada la semilla de la universalidad en el corazón de nuestras Constituciones, no cesaron los Superiores Generales de enarbolar la bandera nazarena en otros países: Italia (1919), Estados Unidos (1920), Argentina (1924), Colombia (1975), México (1981), Brasil (1982) y Venezuela (1985).
Las obras apostólicas de la Congregación son muchas y variadas, pero siempre en coherencia con el don funcional de nuestro Instituto. Merecer particular mención la labor desarrollada en la propagación de la devoción a la Sagrada Familia. La formalización y extensión de la Visita Mensual Domiciliaria de la Sagrada Familia (desde 1907), nuestra contribución a la extensión de la fiesta de la Sagrada Familia a la Iglesia universal (1921), el Secretariado de la Pontifica Asociación de la Sagrada Familia, de León XIII (1928) y la erección del templo de la Sagrada Familia de Roma (1972) son los hitos más significativos de nuestra misión.
No han faltado momentos y épocas difíciles y tristes en la historia de nuestro Instituto: muchos de nuestros hermanos han fallecido en edad prematura, unos debió a las condiciones y epidemias de los tiempos, y otros a la guerra civil española de 1936; la mayor parte de nuestras casas y de nuestros bienes de España fueron quemados o confiscados, primero en la Semana Trágica de 1909 y después en la contienda de 1936; otros hermanos tuvieron que sufrir las penalidades de las dos guerras europeas y de persecución religiosa en otros países; durante 8 años, por mandato de San Pío X, contribuimos a la restauración de la Orden de Clérigos Regulares Teatinos, lo cual supuso un largo y peligroso paréntesis para nuestra supervivencia. De este modo, la Congregación sigue siendo acreedora del título de Obra del Milagro, que recibió ya en los primeros años de su historia.
Sin embargo, como nos recuerdan las Constituciones, tenemos la seguridad de que somos una obra de Dios, frágil como la de Nazaret y la misma Iglesia, pero penetrada por la presencia activa del Espíritu, que es fundamento de nuestra esperanza y la fuerza de nuestra debilidad. Por eso nos esforzamos por ser fieles y aumentar el don y la gracia que hemos recibido, no sólo de llamarnos, sino de ser Hijos de la Sagrada Familia, Jesús, María y José, a imitación de nuestro Padre Fundador.